Un, dos, tres por mí y por toda mi familia

Me llamo María Gordillo, soy profesional de las Ciencias Sociales y profesora de yoga. Vivo la vida con intensidad pero sin prisa. Soy la hermana menor de Gloria. Acompañé a Gloria y Cedric unas semanas en el barco. Salimos de Cartagena e hicimos un recorrido por algunas de las islas del Parque Nacional Natural de las Islas del Rosario (Archipiélago de San Bernardo, Isla Grande, Isla Múcura, Tintinpan, entre otras). Fueron unos días muy soleados, atardeceres de colores y una preciosa luna llena. Disfruté del mar y muchos “pluf” para equilibrar el cuerpo ante las altas temperaturas.

Con este recorrido he completado tal vez  quinientas millas náuticas por las que estoy feliz y agradecida. Las primeras cuatrocientas millas las hice acompañando a Gloria y Cedric por aguas de Indonesia en Thira en el año 2009. Ese viaje me abrió la percepción a este mundo del mar que desconocía totalmente por ser una mujer de montaña, pues nací y me crie en Bogotá. Gracias al viaje en Thira he podido disfrutar durante más de diez años de distintas expresiones artísticas sobre los mares y los puertos que antes simplemente no podía entender ni sentir, destaco con cariño la Oda Marítima de Fernando Pessoa en su seudónimo de Alvaro de Campos, una verdadera joya, les dejo el link por si alguien tuviera la curiosidad de leerla*.

Mi viaje empezó en la cabeza. Quise estar a bordo de Happy Days en algún momento desde que supe que haría su larga travesía. Me subí y me baje del barco más veces de las que puedo recordar. Supe que Cedric  volvería a cruzar el Atlántico, eso fue en el invierno de 2019. Me hubiera encantado ir en esa travesía pero no tengo suficiente experiencia para ello y no podría obedecer al Capitán durante tantos días. Pero lo imaginé y disfruté de la aventura. Como dice el verso de Henley: “Soy el capitán de mi alma”**.

Meses después me imaginé en las islas del Caribe, tal vez en Martinica, Curacao, Aruba o Bonaire. Después pensé que cruzaría el Canal de Panamá. Supe hasta hace muy poco tiempo que era una maravilla de la ingeniería y muchas vidas se perdieron en su construcción. Me imaginé haciendo honor a esas vidas mientras lo transitaba. Después me imaginé que manejaba los más de mil kilómetros que separan a Bogotá de la costa de Cartagena, en ese viaje íbamos con Black nuestro perro Pastor Alemán. Él y yo hicimos todo el recorrido, los esperamos en el puerto con pitos y hasta nos montamos en Happy Nights.

Otro momento importante de mi viaje en Happy Days fue cuando leí el Blog por primera vez. Vi las fotos de la tripulación y la travesía y me imaginé a Cedric disfrutando de la alegría de tener a su familia a bordo. Yo sabía que a diferencia de la llegada de Thira a Colombia en el 2014 este año no podrían estar los primos ni  los tíos en el puerto y en el barco, así que también emprendí un viaje con la imaginación para que conmigo llegaran a acompañar a Gloria y a Cedric todos los Gordillo con su alegría y buenos deseos.

Ya como en Diciembre me comenzó el mareo aunque todavía no estaba a bordo. Fue el mareo de estos meses de incertidumbre  que siguieron a marzo de 2020. Estuve tanto tiempo encerrada que alguna vez me pregunté si seguía existiendo. Me alegró que Gloria y Cedric hubieran estado en el barco y las islas, en el mar durante esos meses. Me entristeció sentir que la distancia dificulta la comprensión del mundo y las realidades de los otros.

Luego de mi larga travesía estuve finalmente a bordo de Happy Days un día jueves de enero de 2021. Para ello tomé un avión con protocolos de seguridad y todas las cosas propias de nuestros días. La alegría estar por fin en el barco se mezcló con todo el peso de los últimos meses. Yo creo que ese fue el mareo del primer día, no fue el mar ni las olas.

Me adapté fácil al barco. Sentir el mar desde dentro del mar es distinto a sentirlo desde la costa. Las personas que no creen en Dios, lo espiritual, lo mágico, la energía universal, o como le quieran llamar, suelen decir que no existe porque no se ve. Les cuento un secreto  ¡el viento tampoco se ve, pero existe! En el mar el viento moviliza las olas con fuerza, arrastra las velas, hace que el barco se escape de las manos como el agua entre los dedos cuando eres inexperto con el Paddle Board.  El que solo crea en lo que puede ver puede pensar que el viento no existe, pero si el Capitán entra a vela a la bahía de Cartagena solo por el gusto de hacerlo, nos quedan pruebas de lo contrario. Si me preguntan, María ¿qué es lo que más te gusta de navegar? Tengo que decir: El viento que no se ve pero se siente.

Y es el viento el que hace que el mar se sienta mientras vas en el barco, el agua responde al viento, así como lo hacen tus pulmones. Mientras iba sentada afuera  y veía y sentía el mar pensaba que era una bella metáfora de la vida. A veces está calmado, a veces pega tan fuerte que piensas que te vas a morir, a veces solo se desliza debajo de tus pies. Unos necesitan hacer muchos deportes acuáticos y maniobras para sentirse vivos y otros nos sentimos vivos contemplándolo. El beat del mar es como el del corazón. Un día tomé una foto, un mar y un cielo azul espléndido, al otro tomé la misma foto, esta vez gris, el mismo mar, los mismos ojos. Y llegué a lo mismo de siempre cuando me paro frente al mar: Un mar, todos los mares.

Las islas en Colombia son bellas y duras. Antes cuando era más joven las inequidades sociales, el abandono del Estado, la pobreza se me endulzaban tal vez con mi ojo simple de turista simple, hoy puedo ver y me llega una tristeza muy profunda. En nuestro Caribe detrás de los hoteles bellos están las calles polvorientas llenas de plástico, la deuda histórica del  Estado y la vida digna pero muy dura de las gentes.

Comimos crepes y arroz con coco hechos en el barco, tomamos piña colada hecha por Gloria y vino espumoso que Cedric abrió especialmente para la ocasión, tomamos el aperitivo a la hora de ponerse el sol. Navegamos, careteamos, montamos el Paddle Board y me rescataron dos veces, hicimos yoga. Vimos un fitoplancton brillar en la noche, caminamos por las islas. Viví las pequeñas cosas que hacen especial la vida cuando tu casa está en el mar. Me bajé del barco un jueves de febrero de 2021 pero dejé de sentirlo como cuatro días después. Mi gratitud inmensa a Gloria y Cedric por dejarme entrar en su casa, hasta la próxima travesía. Pero mil y mil gracias por alimentarme y no obligarme a cocinar.

Nota final: No logro recordar si era en el juego de “Las escondidas” o en la “Lleva”. En los juegos infantiles había que correr o esconderse, a medida que te encontraban o te agarraban ibas saliendo del juego, era la versión infantil de morir, pero siempre había una esperanza, el último podía llegar al lugar seguro del juego, “el tapo”, y decir: Un, dos, tres, por mí y por todos mis amigos. ¡Salvo patria! Y con esto el juego volvía a empezar, para alegría de todos. En algún momento luego de todo este recorrido ya a bordo de Happy Days dije como lo hacíamos en los juegos infantiles: Un, dos, tres, por mí y por todos mis amigos ¡Salvo patria! Un, dos, tres, por mí y por toda mi familia, ¡Salvo patria! Todos estamos vivos y yo estoy acá. Y el juego volvió a empezar felizmente para mí.

*Oda Marítima/ Álvaro de Campos: http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/25-004-fernando-pessoa?start=2

* Invictus, Ernest Henley: https://es.wikipedia.org/wiki/Invictus_(poema)

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